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Fabulopia
Pinocho

Pinocho

3–7 años8 minutos de lectura9 escenas

Geppetto talla un muñeco de madera que habla, corre y se mete en líos. Entre trucos, estornudos y una nariz que crece con cada mentira, Pinocho aprende a ser un niño de verdad.

Basado en «Las aventuras de Pinocho», de Carlo Collodi (Italia, 1883).

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Un tronco con cosquillas

Pinocho¡Ay, ay, que me haces cosquillas!

Ilustración de la escena 1: Geppetto, Pinocho.

Había una vez, en un pueblecito junto al mar, un carpintero llamado Geppetto. Llevaba gafas redondas y una peluca amarilla y rizada. Hacía las peonzas más bonitas del mundo, pero vivía muy solo.

Un día encontró un tronco de pino y decidió tallar un muñeco. En cuanto empezó, el tronco soltó una risita: —¡Ay, ay, que me haces cosquillas! Geppetto casi se cae del taburete. Talló unos ojos curiosos, una boca sonriente y una nariz que no paraba de crecer. —Te llamaré Pinocho —dijo, feliz—. Serás mi hijo.

El consejo del Grillo

El Grillo Parlante¡Cri, cri! Piensa antes de hacer.

Ilustración de la escena 2: Pinocho, El Grillo Parlante.

Nada más aprender a andar, Pinocho salió corriendo por la puerta, tac, tac, tac, con sus piernas de madera. Geppetto tuvo que perseguirlo por todo el pueblo.

Aquella noche sonó una vocecita en un rincón del taller. Era el Grillo Parlante, con sus gafas redondas y un librito bajo el brazo. —Pinocho, quien no hace caso a su papá ni va a la escuela acaba metiéndose en líos. —¡Bah! —contestó Pinocho—. Yo solo quiero jugar.

Un libro y un abrigo

Pinocho¡Un teatro de marionetas! Solo un ratito…

Ilustración de la escena 3: Geppetto, Pinocho.

A la mañana siguiente, Geppetto volvió a casa tiritando. Había vendido su único abrigo para comprarle a Pinocho un libro de letras. —Toma, hijo. Hoy empiezas la escuela.

Pero, de camino, Pinocho oyó flautas y tambores. ¡Era un teatro de marionetas! Miró el libro, miró el teatro… y cambió el libro por una entrada. —Solo un ratito —se dijo—. Luego ya iré a clase.

Los estornudos de Comefuego

Comefuego¡Achís! ¡Achís! Me has ablandado el corazón.

Ilustración de la escena 4: Pinocho, Comefuego.

Las marionetas reconocieron a Pinocho enseguida: —¡Es nuestro hermano de madera! Lo subieron al escenario entre aplausos. Tanto alboroto despertó al dueño del teatro, Comefuego, un gigante con una barba negra que le llegaba hasta el suelo.

—¿Quién interrumpe mi función? —rugió. Pinocho, temblando, le habló de Geppetto, que se había quedado sin abrigo por él. Entonces Comefuego empezó a estornudar, porque cuando algo le emocionaba no podía evitarlo. —¡Achís! Toma cinco monedas de oro para tu padre. ¡Y vuelve a casa!

El Campo de los Milagros

El Zorro¡Planta tus monedas y crecerá un árbol de oro!

Ilustración de la escena 5: El Zorro, Pinocho, El Gato.

Por el camino, Pinocho se encontró con un Zorro que cojeaba con una muleta y un Gato con gafas oscuras que decía estar ciego. —¿Quieres que tus cinco monedas se conviertan en mil? —le preguntó el Zorro con voz de miel.

Le contaron que en el Campo de los Milagros, si enterrabas una moneda, al día siguiente crecía un árbol lleno de oro. Pinocho enterró sus monedas, las regó y se sentó a esperar. Mientras tanto, el Zorro, que ya no cojeaba, y el Gato, que veía de maravilla, las desenterraron y salieron corriendo.

Una nariz muy larga

PinochoEh… ¡las monedas se las comió una cabra!

Ilustración de la escena 6: El Hada de los Cabellos Turquesa, Pinocho.

Triste y perdido, Pinocho llegó a una casita blanca en el bosque. Allí vivía el Hada de los Cabellos Turquesa, con su melena azul como el mar. —¿Dónde están tus monedas? —le preguntó con dulzura.

—Se las comió una cabra —dijo Pinocho. Y ¡zas!, la nariz le creció un palmo. —Bueno, no… se me cayeron al río. ¡Zas! La nariz creció tanto que ya no cabía por la puerta. —Me engañaron el Zorro y el Gato —confesó por fin. Y, ¡plof!, la nariz volvió a su tamaño. El Hada sonrió: —Las mentiras se notan, Pinocho. Se ven en mitad de la cara.

El Gran Tiburón

Geppetto¡Pinochooo! ¿Dónde estás, hijo mío?

Ilustración de la escena 7: Geppetto, El Gran Tiburón.

Mientras tanto, Geppetto buscaba a su hijo por todas partes. Le dijeron que lo habían visto cerca del mar, así que subió a una barquita y remó hacia el horizonte. Entonces, de entre las olas, salió el Gran Tiburón, un pez tan enorme que parecía una montaña. Bostezó… y se tragó a Geppetto con barca y todo.

Cuando Pinocho se enteró, se lanzó al agua sin pensarlo dos veces. Nadó y nadó entre las olas, más valiente que nunca, hasta que, ¡glup!, el Gran Tiburón se lo tragó también.

Una vela en la barriga

Pinocho¡Papá! ¡Por fin te he encontrado!

Ilustración de la escena 8: Pinocho, Geppetto.

Dentro del Gran Tiburón estaba muy oscuro. Pinocho caminó a tientas hasta que vio una lucecita: una vela, y junto a ella, Geppetto con su peluca amarilla. Se abrazaron tan fuerte que la vela casi se apaga.

El Gran Tiburón era muy viejo y dormía con la boca abierta porque roncaba. Así que caminaron de puntillas por su lengua y ¡saltaron al mar! Pinocho, que era de madera, flotaba como un corcho, y nadó hasta la orilla con su papá a la espalda.

Un niño de verdad

Pinocho¡Papá, mira! ¡Soy un niño de verdad!

Ilustración de la escena 9: Geppetto, Pinocho, El Grillo Parlante.

Desde aquel día, Pinocho cambió. Iba a la escuela, ayudaba en el taller y, por las noches, le leía cuentos a Geppetto. Con lo que ganaba vendiendo peonzas le compró un abrigo nuevo y calentito.

Una mañana se despertó y notó algo raro: tenía las manos blanditas, las rodillas ya no le crujían y su nariz era pequeña y redonda. En la mesilla había una nota con letra azul: «Por tu buen corazón. El Hada». ¡Pinocho era un niño de verdad!

Geppetto bailó por todo el taller con su peluca amarilla bien alta, y el Grillo Parlante cantó cri, cri desde la ventana. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Para hablar después del cuento

  1. ¿Por qué le crecía la nariz a Pinocho? ¿Y qué pasaba cuando decía la verdad?
  2. ¿Qué vendió Geppetto para comprarle a Pinocho un libro? ¿Qué harías tú con ese regalo?
  3. ¿Cómo engañaron el Zorro y el Gato a Pinocho? ¿Cómo podemos saber si alguien nos promete algo demasiado bueno para ser verdad?

Muy pronto en este cuento

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