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Fabulopia
Caperucita Roja

Caperucita Roja

3–7 años7 minutos de lectura8 escenas

Caperucita lleva una cesta con merienda a su abuelita, pero en el bosque se cruza con un lobo demasiado simpático. El cuento de siempre, con un final en el que nadie se come a nadie.

Cuento popular europeo; versiones de Charles Perrault (1697) y de los hermanos Grimm (1812).

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Una cesta para la abuelita

Caperucita¡Iré siempre por el camino!

Ilustración de la escena 1: Caperucita.

Érase una vez una niña que siempre llevaba una capucha roja con la punta muy larga. Se la había cosido su abuelita, y le gustaba tanto que todo el mundo la llamaba Caperucita Roja. Vivía con su mamá en una casita al borde del bosque, entre flores y mariposas.

Una mañana, su mamá preparó una cesta con un pan recién hecho, una tarta de manzana y un mantel de cuadros. —La abuelita está un poco resfriada —le dijo—. Llévale esta merienda. Ve siempre por el camino y no hables con desconocidos. —¡Prometido, mamá! —contestó Caperucita, y se colgó la cesta del brazo.

El camino del bosque

Caperucita¡Buenos días, señora ardilla!

Ilustración de la escena 2: Caperucita.

La casa de la abuelita estaba al otro lado del bosque. Caperucita caminaba dando saltitos y cantando una canción que se inventaba por el camino. Los pájaros le contestaban desde las ramas, y una ardilla la siguió un buen rato, curiosa por el olor de la tarta.

Las dos trenzas le bailaban a cada paso. Caperucita saludaba a todo el mundo: a la ardilla, a un caracol muy lento y hasta a una seta con lunares blancos. Era tan simpática que no sabía estarse callada ni un momento.

Un lobo muy educado

El Lobo¿Adónde vas tan deprisa, niña?

Ilustración de la escena 3: Caperucita, El Lobo.

De pronto, detrás de un árbol, apareció un lobo gris con un pañuelo naranja de lunares. Sonreía con todos sus dientes y movía la cola como si fuera el animal más amable del mundo.

—Buenos días, niña. ¿Adónde vas tan deprisa con esa cesta que huele tan bien? Caperucita se olvidó de lo que le había dicho su mamá. —Voy a casa de mi abuelita, que vive al otro lado del bosque, junto a los tres robles.

—¡Qué casualidad! —dijo el Lobo, frotándose las patas—. Por aquel otro camino hay unas flores preciosas. Seguro que a tu abuelita le encantaría un ramo bien grande.

Flores por el camino largo

Caperucita¡Un ramo para la abuelita!

Ilustración de la escena 4: Caperucita.

Caperucita miró las flores: amarillas, azules, rosas… Eran tantas que parecía un arcoíris caído en la hierba. «Solo unas pocas —pensó—, y luego vuelvo al camino». Pero cada flor la llevaba a otra más bonita, y el camino se quedaba cada vez más lejos.

Mientras tanto, el Lobo echó a correr por el atajo, con la lengua fuera y las orejas hacia atrás. Tenía un plan, y estaba tan orgulloso de él que se reía solo mientras corría entre los árboles.

Toc, toc

Abuelita¡Esa cola no es de mi nieta!

Ilustración de la escena 5: Abuelita, El Lobo.

El Lobo llegó el primero a la casita de los tres robles y llamó a la puerta: toc, toc. —¿Quién es? —preguntó la abuelita desde la cama, tejiendo una bufanda. —Soy yo, Caperucita —dijo el Lobo, poniendo una vocecita muy fina.

Pero la abuelita llevaba puestas sus gafas redondas y, por debajo de la puerta, vio asomar una cola gris muy peluda. —¡Uy, uy, uy! —susurró—. Esa cola no es de mi nieta. Y se escondió en el armario, con su taza de chocolate y todo.

El Lobo entró, buscó por todas partes y, como no encontró a nadie, tuvo otra idea. Se puso el gorro de dormir de la abuelita, unas gafas que había en la mesilla y se metió en la cama, tapado hasta la nariz.

¡Qué ojos tan grandes!

Caperucita¡Qué orejas tan grandes tienes!

Ilustración de la escena 6: Caperucita, El Lobo.

Al rato llegó Caperucita con su cesta y su ramo de flores. La puerta estaba abierta y la abuelita estaba en la cama… aunque parecía un poco rara. —Abuelita, ¡qué ojos tan grandes tienes! —Son para verte mejor —contestó el Lobo.

—Abuelita, ¡qué orejas tan grandes tienes! —Son para oírte mejor. —Abuelita, ¡y qué nariz tan larga y tan peluda tienes! —Es que estoy muy resfriada —dijo el Lobo, y estornudó con todas sus fuerzas: ¡achís!

¡Qué boca tan grande!

El Leñador¿Qué es todo este alboroto?

Ilustración de la escena 7: Caperucita, El Lobo, El Leñador.

—Abuelita, ¡y qué boca tan grande tienes! —¡Es para comerme mejor tu tarta! —gritó el Lobo, y saltó de la cama con el gorro torcido. Caperucita dio un grito tan fuerte que se oyó en todo el bosque: —¡Socorroooo!

Muy cerca de allí, un leñador grandote cortaba leña. Oyó el grito, se colgó el hacha al hombro y llegó corriendo. —¿Qué es todo este alboroto? —preguntó con su vozarrón desde la puerta.

El Lobo se asustó tanto que saltó por la ventana, perdió el gorro de dormir por el camino y salió corriendo hacia las montañas. Dicen que todavía sigue corriendo, y que nunca más volvió a aquel bosque.

Merienda para todos

Abuelita¡Aquí estoy, sana y salva!

Ilustración de la escena 8: Caperucita, Abuelita, El Leñador.

Entonces se abrió la puerta del armario y salió la abuelita, con la taza de chocolate todavía en la mano. —¡Aquí estoy, sana y salva! —dijo riendo—. Desde ahí dentro lo he oído todo.

Caperucita la abrazó muy fuerte. Pusieron el mantel de cuadros sobre la mesa, partieron la tarta de manzana en tres trozos y el leñador se rió tanto contando cómo había huido el Lobo que se le movía toda la barba.

Esa tarde, Caperucita aprendió que los consejos de mamá sirven para algo. Y desde entonces, cuando va a ver a su abuelita, siempre va por el camino. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Para hablar después del cuento

  1. ¿Qué le pidió la mamá de Caperucita antes de salir de casa?
  2. ¿Cómo se dio cuenta la abuelita de que no era su nieta quien llamaba a la puerta?
  3. Si un desconocido te habla por la calle, ¿qué puedes hacer y a quién puedes avisar?

Muy pronto en este cuento

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